Hojas
Informativas

Mensaje del Director

Este año visitó nuestro Perú, el Papa Francisco, su mensaje de esperanza nos lleva a asumir nuestra tarea educativa como un desafío continuo: formar en libertad y responsabilidad.
La dignidad de la persona implica la libertad, pero no como mera posibilidad de optar entre cosas más o menos interesantes, sino como capacidad de decidir por sí mismo lo que se ha de hacer para ser lo que se quiere ser: somos verdaderamente libres cuando nos adueñamos de nuestras propias decisiones, cuando afianzamos nuestra independencia, cuando nuestra voluntad se enfrenta, si es preciso, a la fuerza del ambiente. Por eso, nuestra tarea es educar desde la verdad y para la libertad, porque la libertad genuina se basa en el conocimiento de la verdad: ¨Si ustedes permanecen fieles a mi palabra –dice Jesús- serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres¨ (Juan 8, 31ss).
La persona educada en la libertad es aquella capaz de rechazar las respuestas fáciles y preferidas, y no porque sea persona obstinada, o por querer ser original, sino porque conoce otras respuestas de más digna consideración, porque busca la verdad y conoce el para qué de la libertad, su finalidad y su sentido, ya que la libertad ni es un valor absoluto, ni tiene razón de ser en sí misma: es un medio, un bien fundamental, que me permite conseguir otros bienes.
Para educar la libertad es preciso atender a la totalidad de la persona: la inteligencia, la voluntad, la afectividad y el sentido trascendente. En primer lugar, enseñar a pensar o enseñar a buscar la verdad; después, ayudar a fortalecer la voluntad, para estar en condiciones de adherirse libremente y de comprometerse con la verdad; enseñar también a superar las dificultades y a poner sentimientos y afectos al servicio de las decisiones libres; por último, el hombre es un ser sociable, abierto a la relación personal con Dios y con los demás, y ha de aprender a dar, a darse y a amar.
La educación de la voluntad tiene como objetivo procurar que cada alumno(a) se forme en el esfuerzo y en la responsabilidad personal, desarrollando hábitos que fortalezcan su capacidad de decisión y le permitan ejercer su libertad. La voluntad se educa mediante la repetición de actos que permiten la formación de hábitos operativos, esto es, mediante el desarrollo de las virtudes humanas que facilitan vivir de acuerdo con criterios éticos de conducta libremente aceptados, conformes con la dignidad personal.
Una voluntad fuerte es un elemento imprescindible en la búsqueda de la felicidad. Y muchas personas carecen de esa fuerza de voluntad porque han sido educadas en una atmósfera de permisivismo, fruto de un mal entendido sentido de la libertad que ha impedido formar en la exigencia. Una educación para la libertad responsable ha de llevar a plantear –o plantearse- un alto nivel de exigencia personal.
El Valor de la Responsabilidad cobra especial importancia hoy en día, pues nos encontramos ante una Sociedad de Bienestar y Consumo en la que la inmediatez y accesibilidad para satisfacer nuestras necesidades y demandas están a la orden del día. De ahí que sea imprescindible crear, desde el seno familiar, una base sólida para que sus hijos puedan enfrentarse a la Sociedad con un criterio firme que les permita afrontar decisiones futuras y que les haga adultos responsables.
¿Qué entendemos por responsabilidad?
Sin intentar ceñiros a una definición exacta y puramente lingüística del término, podría relacionarse la Responsabilidad con conceptos como: Compromiso, Perseverancia, Toma de Decisiones, Autonomía, Seguridad, Autoexigencia, etc…Todas ellas serían habilidades que tendrían que enseñar a sus hijos e hijas para educarlos como personas responsables.
¿Cómo hacemos para conseguir que asuman responsabilidades?
El primer paso para ello es valorar que el Esfuerzo y la Responsabilidad van ligados, y que por tanto, para conseguir uno hay que educar también en el otro y viceversa. El momento para plantearse educar en la responsabilidad es desde la más tierna infancia, es erróneo pensar que el niño o niña es aún pequeño para ello, pues únicamente hay que saber ajustar qué tipo de responsabilidades se tienen que otorgar.
Hay que tener en cuenta las habilidades que conforman la responsabilidad:
Compromiso: se trata de que los niños y niñas, adolescentes y jóvenes sepan asumir y cumplir obligaciones, siempre adaptadas a su edad cronológica y/o capacidad.
Perseverancia: consiste en saber persistir en las metas y planes que se hacen. Es educar para que los compromisos que se asumen, lleguen a término.
Toma de Decisiones: el tomar una determinada decisión implica indudablemente asumir una responsabilidad para afrontar las consecuencias de dicha decisión.
Autonomía: es importante ofrecer ir otorgando autonomía a sus hijos, pues es la clave de la responsabilidad
Seguridad: sólo si conseguimos que desarrollen seguridad en sí mismos, conseguiremos que asuman responsabilidades sin necesidad de depender de otras personas.
Autoexigencia: parte de la responsabilidad es saber avanzar y crecer en nuestras metas y proyectos, conociendo nuestro potencial a la vez que nuestras limitaciones.
Sin perder de vista estas habilidades y teniendo claro el trabajar todas y cada una de ellas para inculcarlas a sus hijos(as), estaremos formando futuros adultos responsables.
Queridos padres de familia, les animamos a dar lo mejor de sí mismos para que sus hijos vivan y actúen con libertad y asuman sus responsabilidades en el hogar, el colegio, en la comunidad cristiana (Iglesia) y en la sociedad. Tengan presente que el Colegio san Vicente de Paúl es su mejor aliado en esta tarea.

P. Javier Gamero Torres C.M.
Director