Boletín
Informativo

Mensaje del Director

 

Este año en la familia vicentina celebramos los 400 años del comienzo del carisma vicentino, queremos hacer memoria de las experiencias que le permitieron a Vicente de Paúl descubrir la voluntad de Dios y cómo fue respondiendo a los retos y desafíos que se le presentaron. Vicente de Paúl, inmerso en la realidad social, cultural y religiosa de su tiempo, soñaba obtener beneficios de su vida sacerdotal y escalar honores en la Iglesia. Pero cambió decididamente la orientación de su vida cuando acertó a descubrir que el Señor le invitaba a dedicarse a la evangelización de los pobres. Las experiencias de Gannes, Foleville y Chatillon en 1617 marcaron la vida y el corazón de Vicente de Paúl que serán la inspiración para los dos ejes fundamentales del carisma vicentino: Misión y Caridad.
Teniendo como telón de fondo el jubileo vicentino iniciamos nuestro trabajo educativo. Es bueno recordar que a la educación de hoy en día no le faltan más horas de matemáticas, ni de lengua, ni de geografía. A la educación de hoy lo que le falta es alma. “La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”, decía Howard G. Hendricks. Sin una orientación a la pasión, cualquier vocación educativa queda profundamente incompleta.
El crecimiento personal, social y espiritual no es un lujo o un extra para algunas personas, es una necesidad fundamental del ser humano. Decía Wayne Dyer, que “la única diferencia entre una flor que está viva de una que está muerta es que la viva es la que está creciendo”. Todo lo que no crece, de una u otra manera, muere. Por eso, quien te enseña a crecer, en todas las dimensiones del saber, amar y evangelizar, pilares de nuestro proyecto educativo, te enseña a vivir.
Caminar hacia un nuevo paradigma educativo necesita de nuevas directrices. El buen maestro(a) ya no es solo aquel que enseña, es aquel que inspira y despierta en el alumno las ganas de crecer. Por eso, un buen maestro no es solamente aquel que imparte formación desde las aulas, sino que, utilizando también otros ámbitos y recursos (como una película, una canción, un blog, etc.) logra dibujar un escenario de tal belleza e ilusión que es capaz de producir un cambio de actitud en el niño, el adolescente o el joven a través de la acción responsable, del trabajo colaborativo, la interacción dialogante y respetuosa.
Hoy, educar no es enseñar sólo contenidos, es enseñar caminos; es dar alas a la creatividad y encender la llama de la imaginación; es hacer que un ánimo apagado se ponga a caminar y que quien había perdido la esperanza vuelva a soñar. Educar es saber mover un corazón. Recordando lo que nos dice el apóstol san Pablo: “Cualquier trabajo que hagan, háganlo de corazón, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).
Limitar el aprendizaje a las capacidades o habilidades laborales y olvidarse de ensanchar, crecer y madurar como seres humanos y cristianos es volar demasiado bajo. Uno de los grandes errores del sistema educativo actual ha sido poner el foco en la eficiencia productiva en lugar de hacerlo en el desarrollo de las potencialidades y valores personales, sociales y espirituales. Se está creando personas altamente productivas, descuidando las otras dimensiones. El principal problema al que hoy nos enfrentamos no es la ausencia de conocimientos teóricos o prácticos – áreas en las que estamos cualificados –, sino la inseguridad personal, la falta de autenticidad y los miedos para gritarle al mundo que tenemos derecho a ser quienes somos y hacer lo que amamos. Por eso, un proyecto educativo que no abrace el humanismo, el crecimiento, la formación emocional y los valores humanos y cristianos es inevitablemente deficiente. Educar desde la vivencia y cultivo de valores, es la única vía para crear personas de valor.
Para nosotros, los vicentinos(as) educar es una manera concreta de expresar nuestro amor a Dios en el servicio al prójimo y lo hacemos desde la mística vicentina, por eso: “Amemos a Dios, hermanos míos, amemos a Dios, pero que esto sea con el esfuerzo de nuestros brazos, que esto sea con el sudor de nuestra frente” (S.V.P.).
Animo a toda la comunidad educativa vicentina: alumnos, padres de familia, maestros, personal directivo, administrativo y de servicio a asumir nuestro compromiso educativo evangelizador con verdadera pasión.

P. Javier Gamero Torres C.M.
Director