Boletín
Informativo

Mensaje del Director

EDUCAR A LOS HIJOS EN LA COMPRENSIÓN Y LA MISERICORDIA

 

          Nuestro Colegio cumple 60 años de vida institucional, toda una trayectoria de experiencias educativas acumuladas, por eso con gozo celebraremos las Bodas de Diamante y lo haremos teniendo como marco de fondo el AÑO SANTO DE LA MISERICORDIA, una buena oportunidad para saber agradecer a Dios, a la Congregación de la Misión, a los padres de familia, maestros(as) y demás personal que ha laborado a lo largo de estos años. Quiero invitarles en esta oportunidad a reflexionar sobre la importancia de educar a los hijos en la comprensión y la misericordia.
LA COMPRENSIÓN, es la facultad de entender los problemas, los comportamientos, las decisiones y las miserias del prójimo, tratando de captar las razones que lo llevaron a las mismas. Lo que hace valiosa a esta virtud es que, para comprender al otro, hay que dejar de pensar sólo en uno mismo. El deseo de ayudar al prójimo será el motor principal que nos llevará a desarrollar esta virtud. Nos permitirá hacer los esfuerzos necesarios para ponernos en el lugar del otro y comprender los estados de ánimo de las personas, a quienes, el sólo hecho de sentirse escuchadas y comprendidas las predispondrá a hablar y a sentirse mejor.
Comprender no quiere decir avalar o estar de acuerdo con un comportamiento incorrecto o desordenado del prójimo. Implica escuchar, con reserva, sin juzgar a la persona por lo que nos cuenta y las confidencias que un corazón angustiado pueda hacernos. No se trata de demostrar que uno está “por encima” del otro. Es tratar de ponerse en el lugar del otro para que, desde su situación, podamos ayudarlo a superarlo. El mejor Modelo de comprensión para con el prójimo y sus miserias es Nuestro Señor Jesucristo clavado en la Cruz, Quien, aun desangrándose, trató de explicar y excusar ante su Padre a quienes lo habían crucificado, con la plegaria más dulce y suave que jamás se haya escuchado: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lc. 23,34).
El vicio opuesto a la comprensión es la incomprensión, la comodidad de ser egoísta, de ser indiferente a las pesadas cargas del otro. La indiferencia, el rigorismo, el descartar a las personas como cosas es egoísmo e impide la comprensión.
LA MISERICORDIA es la compasión que experimenta nuestro corazón ante la miseria espiritual o material de otro, sentimiento que nos compele a socorrerlo sí podemos. Es colocar la miseria del prójimo en nuestro corazón. En un corazón que se compadece y que actúa. Es tener un corazón compasivo, que se duele por la miseria, la desgracia, el infortunio, la estrechez del otro, por su falta de lo necesario para sus necesidades básicas, por su extrema pobreza material y espiritual.
Tan importante es la misericordia que Jesús nos la presenta como una llave más para entrar al Reino de los cielos: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt.5,7) sentenció en el Sermón de la Montaña. La misericordia que habremos tenido con nuestro prójimo, será una llave para abrir la puerta de los cielos. Jesús refuerza el concepto con la parábola del Buen Samaritano (Lc.10, 25-37), quien se compadece de un hombre asaltado por los ladrones a la vera del camino. El buen samaritano tenía sus propios planes, sus problemas y sus preocupaciones. Pero se para, se detiene, sale de su comodidad, de su propio yo y se acerca al otro, al necesitado, tomando en cuenta que está herido.
El buen samaritano se compadeció, fue tocado en lo más profundo de su corazón por el sufrimiento ajeno. Tomó conciencia de la necesidad ajena y se detuvo. Este viaje entre Jerusalén y Jericó cambió los planes del buen samaritano, lo liberó de su egoísmo, de su propia preocupación, de sus propios planes, salió de sí y se volcó hacia el necesitado. “Ve y haz tú lo mismo” nos señala Jesús a todos en el Evangelio, mostrándonos el ejemplo a seguir, caminando por la vida y mirando a nuestro prójimo tratando de ver, si nos necesita, y apoyarlo, (en lo posible), hasta dejarlo en la posada, (que es Dios), para que pueda seguir de pie el camino de esta vida terrena.
El pecado opuesto a la misericordia es la dureza de corazón, la crueldad. Nuestra sociedad actual, nuestras familias, reclaman de nosotros el conocimiento y la puesta en práctica de las obras de misericordia como una contribución para contrarrestar el individualismo exacerbado.
Las obras de misericordia corporales son: Visitar y cuidar enfermos. Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Dar posada al peregrino. Vestir al desnudo. Redimir al cautivo. Enterrar a los muertos.
Las obras de misericordia espirituales son: Enseñar al que no sabe. Dar buen consejo al que lo necesita. Corregir al que yerra. Perdonar las injurias. Consolar al triste. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Rogar a Dios por los vivos y difuntos.
Que San Vicente de Paúl, ejemplo y modelo de hombre misericordioso nos impulse para ir al encuentro de nuestro prójimo, especialmente de los pobres, con prontitud, creatividad y audacia como se ha venido realizando a lo largo de los 60 años de trayectoria educativa de nuestro querido colegio.

P. Javier Gamero Torres C.M.
Director

 

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