Hojas
Informativas

Mensaje del Director

Toda educación está llamada a transformarse en el lugar privilegiado de formación y promoción integral de la persona humana, mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. Tal encuentro acontece en la escuela, confrontando e insertando los valores perennes
en las problemáticas sociales contemporáneas. En este sentido, como bien afirman los obispos latinoamericanos en Aparecida: “la educación para ser educativa debe insertarse en los problemas actuales, de modo que los distintas disciplinas han de presentar no sólo un saber que adquirir, sino también valores que asimilar, y verdades que descubrir” (Aparecida, 2007, Nº 329).
Este desafío, implica tener claridad respecto de los objetivos y propósitos de la educación, pues, “ningún maestro educa sin saber para qué educa, y que a su vez siempre existe un proyecto de hombre encerrado en todo proyecto educativo; y que este proyecto vale según construya o destruya al educando” (Santo Domingo, Nº 265). Así, corresponde a la escuela católica, en cuanto institución educativa, poner de relieve la dimensión ética y religiosa de la cultura. Esta condición se torna más acuciante en la medida que son los mismos mecanismos informáticos y tecnológicos, distintivos de la sociedad del conocimiento, los que despiertan en la comunidad escolar las motivaciones, dudas y cuestionamientos valóricos y éticos en torno a la forma de relacionarse con la naturaleza, consigo mismo y con los demás seres humanos y con Dios (lo trascendente).
Hoy como en el pasado, la educación es “católica”, porque los principios evangélicos son para ella norma educativa, motivaciones interiores y metas finales. Este es el carácter específicamente católico de la educación. En el mundo plural de hoy esta adhesión presupone, entre otros aspectos, una defensa irrestricta de todos los derechos humanos, la promoción de la solidaridad como expresión liberadora de la caridad y la comunión eclesial. No obstante, estas no son las únicas condiciones que se le imponen a la educación católica, ella ha de buscar realizar una síntesis entre fe y cultura, de modo tal, de cultivar el entendimiento y apoyo recíproco entre los distintos saberes, con el debido respeto a los métodos particulares de cada uno, lo que permite aprender técnicas, conocimientos, métodos intelectuales, actitudes morales y sociales que capacitan a los(as) estudiantes a desarrollar su propia personalidad e integrarse de forma activa en la comunidad. De esta manera,la educación católica ha de considerar a las distintas ciencias humanas no sólo como saberes a adquirir, sino también como valores a asimilar y verdades que descubrir.
Debemos subrayar que la investigación en el contexto de la educación católica ha de buscar la integración de todos los saberes como una tarea permanente y siempre perfeccionable; por eso, los constructores del currículo de un proyecto educativo católico han de esforzarse en determinar el lugar que le corresponde y el sentido de cada una de las disciplinas o áreas que componen el marco de una visión de la persona humana, iluminada por el Evangelio y, consiguientemente, por la fe en Cristo, centro de la creación y Señor de la historia.
Otro de los desafíos a que se ve enfrentada la educación católica es motivar a los (las) estudiantes a hacer una síntesis entre fe y vida. Para
ello ha de estimularlos a superar el individualismo y a descubrir, a la luz de la fe, que están llamados a vivir de manera responsable una vocación especifica en un contexto de solidaridad con las otras personas; o dicho de otro modo, a comprometerse en el servicio de Dios, transformando el mundo para que venga a ser una digna morada de los hombres.
En esta misma perspectiva se ha de subrayar que la dimensión eclesial no constituye una característica sobrepuesta, sino una cualidad propia y especifica de la educación católica. Es decir, se ha de tender a que la escuela católica sea una comunidad de fe donde Dios se hace presente y se comunica, donde el anuncio y el testimonio cobran vida, donde se hace una auténtica experiencia de Iglesia, y donde la comunión y la participación, particularmente de los niños, jóvenes y adultos es expresión de la comunión humana y cristiana con Dios; pues, como bien lo enfatizaron los obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida: “la fe cristiana nace y crece en el seno de una comunidad”.
Como comunidad educativa estamos empeñados en brindar una educación de calidad pero con identidad cristiana, católica y vicentina, desde la pedagogía del amor, reafirmando los pilares fundamentales de nuestro proyecto educativo: Amar, Evangelizar y Saber (AES).

P. Javier Gamero Torres C.M.
Director